Tommy, el primer perro entrenado para rastrear fosas humanas

Este labrador de 18 meses se ha convertido en una esperanza para hallar a cientos de desaparecidos, sepultados por grupos armados en sitios desconocidos.

El animal fue seleccionado por la unidad canina del CTI de Risaralda para integrar el programa de Localización de personas en estado de descomposición y/o restos óseos en fosas, proyecto único en Colombia.

Tommy es el más reciente orgullo de Héctor Antonio García Rinco y Hernando Valencia, investigadores del CTI y encargados del adiestramiento de perros, que hasta ahora se centraban en localización de explosivos y narcóticos.

De sus 40 años, García ha pasado 15 -los mismos que lleva en la institución- entrenando perros. En el mismo oficio, Valencia cumplió 3 de sus 18 años como investigador. En su unidad contaban con dos labradores: Bruno, antiexplosivos, de 3 años, y Peter, antinarcóticos, de 16 meses.

Pero fue sólo a comienzos de este año cuando, ante las dificultades y desgaste en la localización de fosas comunes en el actual proceso de Justicia y Paz, pensaron cómo desarrollar este tipo de destreza en un perro. No existía literatura o era muy difusa. Empezamos a indagar con otras instituciones del Estado, en Internet, contactamos organismos de otros países, sin resultados, dice García.

Pese a la falta de antecedentes, comenzaron a trabajar con Tommy, que entre pelotas, palos, aros y huesos sintéticos que dejaron a su disposición, escogió un trozo de trapo para sus juegos.

Ambos destacan que es errado, como se piensa comúnmente, que a los perros se les suministra la sustancia o elemento a localizar. García explica que la idea es crearle la obsesión por un juguete y dejárselo como premio.

En este caso, el trapo se le escondía entre restos hasta asociarlo con el olor o vapores que despide un esqueleto humano. Un segundo paso fue dejar sólo los restos y cuando los hallaba se le entregaba el trapo.

Luego siguió el entrenamiento en espacios abiertos. A la voz de suchen (buscar en alemán) el perro sale veloz, da varias vueltas, marca territorio con sus orines y olfatea el sector.

Segundos después recupera su concentración e interés en su entrenador. A una segunda voz se dedica a rastrear hasta encontrar los restos. Se le retira para una segunda verificación y llega al mismo punto. Se excava hasta sacar los restos. En ese momento se le entrega su juguete.

Así, el animal asocia el hallazgo de una sustancia u olor con el juego y con una salida a caminar con su entrenador.

El entrenamiento empezó con restos humanos enterrados a 40 centímetros, luego a 80, y fue aumentando hasta 1,80 metros.

No seguimos, pues por lo general las víctimas han sido mutiladas y enterradas en pequeñas fosas. Aún cuando estos días se han encontrado otras más profundas, no es lo usual, explica uno de ellos.

También fueron enterrados huesos de animales para tratar de confundirlo y Tommy siempre fue preciso en llegar a partes óseas humanas. También en predios sembrados con naranjas y otros frutales o químicos, sin lograr engañar su olfato.

Ambos investigadores aclaran que no se trata sólo de soltar el animal en el monte. Por lo general hay declaraciones de desmovilizados, denuncias o indicios de que en un predio o sector puede haber una fosa.

Hasta ahora, Tommy no ha salido a trabajos de campo y se espera la certificación de la dirección nacional del CTI para que pueda empezar a ratrear los restos de los desaparecidos, que no dejan dormir en paz a cientos de familias.

Fuente:www.eltiempo.com

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